Sinodalidad claretiana en América: formación para la misión
Día 1: Llegada y apertura del camino compartido
El primer día estuvo marcado por la llegada de los participantes de los distintos organismos de MICLA al Convento San Alfonso de los Redentoristas de Córdoba, Argentina. Participan representantes de 9 organismos, entre ellos prefectos, formadores y estudiantes, lo que refleja la diversidad y riqueza de la Conferencia.
El encuentro dio inicio con la celebración de la Eucaristía, presidida por el P. José Abarza, CMF (Pepe). El pasaje de los discípulos de Emaús iluminó nuestro compartir, ofreciendo una clave fundamental: la formación como camino de acompañamiento, escucha, discernimiento y envío. A partir de ello, se trabajó en grupos en torno a tres ejes centrales: Palabra, Eucaristía y Comunidad, reconocidos como pilares de la vida formativa.
La convivencia fraterna en la cena favoreció la cercanía entre los participantes.
En la sesión de apertura, el P. José Abarza dio la bienvenida y subrayó la importancia de este espacio en un momento clave para la Congregación. Se presentó a la Hna. Liliana Franco, quien facilitó las presentaciones de la sinodalidad en claves de formación, y se anunció la participación del Prefecto General de Formación.
Luego tuvo lugar la presentación de los participantes, que permitió visibilizar la comunión en la diversidad.
Finalmente, se estableció el ritmo del encuentro, integrando oración (animada por las distintas provincias), trabajo, Eucaristía y convivencia, creando un ambiente propicio para el discernimiento comunitario.
Día 2: Formación en sinodalidad: espiritualidad, conversión y procesos
El segundo día comenzó con la oración matutina animada por la provincia de Colombia Oriental–Ecuador, que incluyó laudes y un espacio de reflexión en pequeños grupos en torno a la pregunta que guió nuestro día: ¿Cómo estamos integrando la sinodalidad en nuestras experiencias formativas? Se nos ofreció también otra pregunta para guiar nuestra reflexión: ¿Qué
nos da la Iglesia y qué nos pide Dios desde una perspectiva sinodal que construyamos juntos?
Este momento inicial situó la jornada en clave de escucha, reconociendo tanto los dones de la Iglesia como sus desafíos, y el llamado a una actitud profética en la misión.
También desde la mañana, como comunidad damos gracias a Dios por el don de la vida del P. Marcos Loro quien está de cumpleaños. desafíos de la sinodalidad desde una sólida base bíblica y teológica, proponiendo a Jesús como el referente central y al Espíritu Santo como protagonista del proceso sinodal.
Se destacaron cinco claves fundamentales de la sinodalidad:
1. Escucha desde la misericordia, al estilo de Jesús.
2. Mirada contemplativa de la realidad, capaz de percibir el clamor del pueblo y la acción de
Dios en la historia.
3. Desaprender formas antievangélicas (clericalismo, abuso de poder, fundamentalismo).
4. Itinerancia, como disposición a un camino de conversión personal y comunitaria.
5. Salida misionera, en clave intercultural e intercongregacional.
Se subrayó que la sinodalidad no es una teoría, sino una espiritualidad vivida en el Espíritu, que genera vida, comunión y misión. De ahí la insistencia en la primacía del Espíritu, que impulsa la diversidad hacia la unidad y llama a una conversión profunda, entendida como vaciamiento, discernimiento y apertura.
Un elemento central fue la comprensión de la Trinidad como paradigma de la sinodalidad: una comunidad de amor y diversidad en unidad, que inspira la vida formativa y comunitaria. Desde esta perspectiva, la Iglesia está llamada a un nuevo estilo relacional: más fraterno, más corresponsable y menos clerical.
Se insistió en que los procesos de reforma auténticos nacen desde la base, en la conversión de cada persona y en la construcción del “nosotros”, superando el individualismo.
A lo largo del día se propusieron orientaciones concretas para la formación:
● Reconocer que cada persona es un don y promover su participación activa.
● Formar desde la interioridad y la centralidad en Jesús.
● Fomentar la autenticidad, la comunión y la hospitalidad.
● Construir una cultura del cuidado, incluido el cuidado de la casa común.
● Iluminar toda la vida con la Palabra de Dios, como fuente de sentido y sanación.
● Asumir la misión como un camino de transformación y encarnación en la realidad.
● Colocar la misericordia en el centro del compromiso.
● Entender la escucha como un camino de conversión.
● Vivir la formación como un espacio para discernir juntos la voluntad de Dios.
● Asumir que todo proceso requiere tiempo, paciencia y continuidad.
Uno de los acentos más fuertes del día fue la escucha como fundamento de la sinodalidad.
Escuchar no solo como método, sino también como actitud espiritual que transforma, descentra y abre al otro.
Se afirmó que las casas de formación deben ser verdaderos “laboratorios de escucha”, donde se cultive el diálogo, la conversación espiritual y la capacidad de acoger la historia del otro.
La conversación espiritual fue presentada como una herramienta concreta para el discernimiento comunitario, basada en: escuchar atentamente, hablar desde la experiencia, dar espacio al otro, construir juntos y cerrar en oración.
También se profundizó en el liderazgo al estilo de Jesús, entendido como servicio, cercanía y capacidad para hacer crecer al otro. La autoridad auténtica nace de la credibilidad, la coherencia y la entrega.
Finalmente, se presentaron criterios para un ecosistema formativo sinodal, entre ellos:
● Ampliar la casa, abriéndose al mundo herido.
● Rechazar toda forma de violencia.
● Cultivar lo humano, sin apagar la singularidad de cada persona.
● Abrazar la diversidad sin perder la identidad.
● Evitar la asimilación y la superficialidad.
● Promover la originalidad y la creatividad desde el carisma.
● Generar espacios fértiles y significativos.
● Priorizar el encuentro como lugar formativo.
● Entender la formación como un proceso continuo que constituye el ser.
Las sesiones del día terminan reafirmando que la sinodalidad es un camino de conversión, escucha y comunión, donde la formación debe ser un espacio que genere vida, fomente el sentido de comunidad y prepare testigos, capaces de vivir en el Espíritu y de enfrentar los desafíos del mundo y de la Iglesia.
La Eucaristía fue organizada y presidida por la provincia de México. Se finalizó el día con las presentaciones culturales de las provincias: San José del sur, Colombia-Venezuela, y la delegación de Antillas.
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