Venerable P. Mariano Avellana, ejemplo y recurso en la pandemia persistente

Un nuevo día 14, dedicado tradicionalmente a la memoria del Venerable P. Mariano Avellana, misionero claretiano en camino a los altares, sorprende al mundo en este mes de julio sumido en una pandemia devastadora, como un monstruo acosado por la ciencia médica que salta en forma sucesiva hacia adelante y atrás, sacando nuevos tentáculos cuando sus persecutores logran cortar los anteriores.

Unos 4 millones de personas han perecido hasta ahora por el flagelo, y los contagiados suman sobre 186 millones. Ello equivale a que haya muerto la población total de Uruguay y esté contagiado un 30% más que todos los habitantes de Rusia. Con una agresividad insólita, la moderna peste cubrió el orbe en pocas semanas, y sus sucesivas mutaciones desafían a los antídotos como el cuento de nunca acabar.

Siendo ya la peor pandemia padecida en un siglo, resulta impredecible cuánto se tardará en derrotarla, porque “llegó para quedarse”, como la Organización Mundial de la Salud reconoce con tonos de resignación.

La caridad cristiana y sus ejemplos

Las grandes pestes y contagios más temibles han dejado en la historia ejemplos de heroísmo emblemáticos. Mientras las grandes mayorías han huido de los contagiados con justificado temor, verdaderos héroes de la caridad lo han desafiado para entregar a los enfermos protección y ayuda aun a costa de la propia vida.

El ejemplo de Cristo ha sido para sus seguidores el motivo supremo de tal conducta. Así como el Salvador desobedeció las leyes de su entorno para tocar a los leprosos y devolverlos limpios a la sociedad que los repudiaba, un Damián de Veuster hizo lo propio en Molokai, y un Eugenio Eyraud en la misteriosa Isla de Pascua, hoy Rapanui. Ambos eran misioneros de los Sagrados Corazones.

Entre muchos otros ejemplos –que perduran en nuestros días en figuras tan admirables como Teresa de Calcuta-, Antonio María Claret y un pequeño grupo de compañeros desafiaron en su tiempo las pestes de la isla de Cuba, y algunos se contagiaron hasta la muerte durante la época de evangelización más heterogénea y humanizadora vivida por el “misionero ideal” en la Perla de las Antillas.

La impronta en el hijo Mariano

Con semejante inspiración y modelo de Claret  para  su congregación misionera de Hijos del Inmaculado Corazón de María, el Padre Mariano Avellana no dudó en hacer lo propio desde que llegó a Chile en 1873. En medio de la pobreza lacerante que cubría de contagios y epidemias las pocilgas de buena parte de la población más pobre, el Padre Mariano prodigó consuelos, ayudas y esperanzas, pero muy posiblemente recibió de vuelta el herpes y la enorme herida talvez bacteriana que lo atormentaron por décadas en medio de un apostolado incansable, hasta hacer de su vida misionera un verdadero martirio de cada día.

En medio de la pandemia inmisericorde que hoy se abate sobre el mundo, sus hermanos misioneros se ven enfrentados a una realidad similar en medio de la cual crece el número de sus propios contagiados y varios han perdido ya la vida.

Valga la oportunidad de un nuevo día 14 para refrendar que la tarea evangelizadora y el ejercicio de la caridad asistencial, si bien exigen respetar las normas de autocuidado en virtud de esa misma caridad consigo mismo y los demás, enfrentan necesidades múltiples de socorro que aumentan de día en día. Ejemplos de cómo los misioneros las están abordando con generosidad y entrega, a Dios gracias no escasean. Y en el ámbito del Cono Sur de América en que se asienta la Provincia Claretiana de San José del Sur están a la vista de quienes primero lean estas líneas.

Lo que ojalá no se olvide en medio de esta grave situación de emergencia, sea llevar la figura del Padre Mariano en la mente y el corazón en cada ejercicio de evangelización caritativa. Nunca será excesivo recordar la necesidad de promover sobre todo entre los enfermos y accidentados de mayor gravedad y sus familias, que se invoque en forma personal y comunitaria la intercesión del “Apóstol de los enfermos” en favor de la sanación de los sufrientes. Ello teniendo en cuenta que en la causa de canonización de nuestro misionero insigne sólo falta un milagro cabal para proceder a su beatificación, en orden a su posterior consagración como santo.

El Covid-19 es una tragedia de grandes proporciones para el mundo, y en especial para los sectores más pobres. Pero es a la vez una oportunidad preciosa para demostrar que el amor es la esencia del cristianismo. Y para la familia claretiana, que “la caridad de Cristo nos urge”.

Alfredo Barahona Zuleta

Venerable P. Mariano Avellana, ejemplo y recurso en la pandemia persistente comentarios en «2»

    1. Así es, justamente, querido Pepe. Junto con alegrarnos por esos testimonios sobre la eficacia de la intercesión de nuestro Venerable, ellos nos alientan a seguir impulsando su causa y rogando al Seños se digne realizar pronto el milagro necesario para ver beatificado a su hijo Mariano.

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