Nuestro Venerable P. Mariano en otro año de grandes desafíos

Nuestro Venerable P. Mariano en otro año de grandes desafíos

Ha llegado 2022, recibido como todos los que se asoman a nuestras vidas en la medianoche de cada 31 de diciembre: con fe, esperanzas, alegría desbordante, y una cuota de zozobras y sufrimientos que asoman su silueta detrás de los bastidores.

Son los ingredientes con que grandes dramaturgos han configurado en diversos idiomas el “teatro de la vida”, donde han querido recopilar el tránsito de la humanidad sobre el planeta azul a lo largo de siglos.

Pero aquel Verbo de Dios que por la locura de amor de su Padre puso su tienda entre nosotros para darnos vida en abundancia, se empeñó en convencernos de que las vicisitudes de nuestro caminar no son capítulos de una tragicomedia inexorable que estaríamos obligados a representar, sino la oportunidad de amar como él, en medio de alegrías y sufrimientos, hasta dar la vida por amigos y enemigos si fuese necesario.

Es el derrotero que han seguido “los pocos sabios que en el mundo han sido”, a quienes, si llevan la impronta de Cristo sobre su frente, llamamos santos.

Oficialmente reconocidos o no, ellos constituyen la mayor razón de ser del cristianismo, y en cierta forma el aval de que el evangelio de Cristo es capaz de mover hasta el heroísmo a quienes lo abrazan, incluso en sus últimas consecuencias.

El ejemplo de los nuestros

La congregación claretiana tiene en su fundador, mentor y padre el ejemplo más categórico de ello, y en sus “santos” familiares su más rico tesoro espiritual.

Ciento ochenta y cuatro de ellos han sellado con su sangre el testimonio misionero que prometieron entregar con sus vidas; otros, como el Venerable P. Mariano Avellana, hicieron de la suya un martirio no menor al de aquellos, mediante un sacrificio heroico al servicio de los más pobres y sufrientes, cumplido día tras día por largas décadas.

Destaca en ello la entrega de Mariano Avellana a los enfermos, los presos y los más abandonados. Y su ejemplo, merecedor de los altares como el de aquellos, vuelve a resaltar al comienzo de este año, tercero en que la pandemia más letal en un siglo sigue azotando a la humanidad; ahora con ímpetu redoblado, mediante Ómicron, la variante más arrasadora entre las que Covid-19 ha generado hasta ahora.

El reguero de sufrimientos que así vuelve a abrirse en el mundo, golpea con mayor fuerza a la familia claretiana en el Cono Sur de América. Y nos llama a redoblar oraciones y acción caritativa en beneficio de los enfermos y sus familias, como lo hizo Mariano Avellana con las víctimas de las pandemias de su tiempo, que se ensañaron con los más pobres; como lo hace la de ahora con millares de inmigrantes y otros desechos de la sociedad.

Tengámoslo especialmente presente este 14 del primer mes, en un año que vuelve a abrirse con los ingredientes de todos los enero: cordiales augurios de esperanzas, salud y buenas realizaciones, junto a zozobras, sufrimientos y desafíos no menores; los eternos ingredientes de la tragicomedia humana para muchos, y para nosotros la Belén donde los visitantes de oriente encontraron al Niño con su madre. Como nosotros a los desechados ahora, porque tampoco hay lugar para ellos en medio de nuestras ciudades.

Alfredo Barahona Zuleta

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