Conmemoración del Venerable P. Mariano Avellana en medio de la pandemia

Una vez más, la conmemoración mensual del Venerable P. Mariano, que las comunidades claretianas realizan tradicionalmente los días 14, sorprende a sus devotos en medio de la pandemia.

Con muy pocas excepciones, el mundo entero se mantiene subyugado por ella, acumulando a la fecha casi 21 millones de contagiados y sobre 754.000 fallecidos.

El Covid-19 se convierte así en la pandemia más violenta y arrasadora que haya sufrido la humanidad en siete siglos. Ninguna otra copó el mundo entero en apenas tres meses, ni ha provocado en él un desastre sanitario, económico, social y hasta político de tamañas proporciones.

Entre los países de América más azotados por el flagelo se cuenta Chile, con más de 380.000 personas que han sufrido la infección, y sobre 10.300 muertes oficialmente atribuidas al temible coronavirus. A ellas habría que sumar unas 4.000 posibles que no han sido certificadas.

Sin temor a la muerte

En el Chile zarandeado por un microscópico agente patógeno, hasta ahora cinco veces más letal que el mayor megaterremoto registrado por la humanidad, que devastó al país en mayo de 1960, sigue vigente la memoria del Venerable Padre Mariano Avellana. El misionero claretiano que le entregó toda su vida apostólica en 31 años de incansable evangelización desde que llegó teniendo 29, fue llamado “santo” por el pueblo sencillo, en reconocimiento “vox pópuli” a la radicalidad de su testimonio de entrega a los enfermos, los presos y los más abandonados.

Desde la noche misma en que pisó la capital chilena, Mariano supo -mediante un sismo- a qué país venía a meterse. Y apenas salió a las calles, logró aquilatar sus condiciones sociales, plasmadas en una pobreza insultante. Supo así de crueles enfermedades y pestes endémicas como la viruela, el cólera, la tuberculosis, las disenterías…, que día tras día segaban sus vidas a miles de habitantes de todas las edades.

Como otros de sus hermanos de congregación pioneros en Chile, que se contagiaron y alguno llegó a morir en forma heroica, el Padre Mariano no le hizo asco a meterse en cuanto hospital de campamento minero, villorio campesino o ciudad emergente se le puso por delante, para predicar al Dios Amor entre los más sufrientes o desesperados. Y entre los numerosos testimonios que se aportaron al efecto en su causa de canonización, se afirmó que predicaba no sólo de palabra. En medio de una realidad sumamente precaria que afectaba a los sistemas de salud, no dudó en sumarse al personal asistencial y de aseo, para afeitar o recortar el cabello a los enfermos, ayudar a limpiar sus heridas, darles de comer y sacar los orinales y bacinillas con sus miserias.

Un patrimonio digno de los altares

Este Mariano Avellana es el que ha sido venerado por largas décadas junto a su tumba en la Basílica del Corazón de María, en Santiago de Chile, y en las otras comunidades claretianas, colegios, capillas o avanzadas de misión a lo largo del país. Es también el que ha extendido la confianza en su intercesión ante el Señor, sobre todo entre los enfermos  y accidentados en trance de peligro extremo, mucho más allá de los fronteras del país o el Cono Sur de América. Hoy por hoy, desde las autoridades máximas de la congregación claretiana y las de sus provincias alrededor del mundo, se ha afianzado la convicción de que Mariano Avellana es parte relevante del patrimonio espiritual más preciado de toda la familia claretiana.

Por ello la pandemia actual no ha de ser obstáculo para que en cada posición claretiana se le siga recordando e invocando su ayuda a los más sufrientes, cada 14 de mes, pero no sólo ese día. Es necesario que cada participante del carisma que imprimió el santo Padre Claret a hijos tan preclaros como Mariano Avellana,  se empeñe en que nuestro Venerable sea igualmente elevado a los altares como testimonio de la validez de ese carisma.

Nunca estará de más insistir en que el Padre Mariano tiene su proceso de canonización completo y aprobado por la autoridad máxima de la Iglesia, desde que el papa Juan Pablo II reconoció la heroicidad de sus virtudes y lo declaró Venerable, en octubre de 1987. Desde entonces sólo falta el milagro cabal que al efecto se requiere, para que sea beatificado, elevado con ello a un culto limitado en los altares, y como paso previo a su canonización o veneración universal.

¿Podrá talvez haber una situación más propicia que la actual pandemia mundial, para que todos los miembros de la familia claretiana invoquemos no sólo un día al mes, sino en forma permanente, la intercesión del Padre Mariano por nuestros enfermos? ¿Tendremos oportunidad más adecuada para  inculcar a las familias de enfermos o accidentados graves, que con fe profunda  invoquen en forma comunitaria la intercesión de nuestro Venerable Padre Mariano, estando aquellos tan claramente en peligro mortal por el Covid-19?

Gran parte de nuestras comunidades ha asumido el maravilloso avance de la técnica para celebrar la eucaristía dominical y de las Fiestas de la liturgia, junto a numerosos adherentes virtuales que se han ido sumando a sus emisiones on line por vía streaming, en forma fervorosa y participativa. ¿Qué mejor oportunidad para que en cada encuentro eucarístico virtual se hagan las rogativas comunitarias en pro de los enfermos “por la intercesión de nuestro Venerable Padre Mariano Avellana?”, y se enfatice la necesidad de realizar en cada familia las “cadenas de oración” que los casos ameriten? “¡Te lo rogamos, Señor!”

Alfredo Barahona Zuleta

Vicepostulador

Causa del Venerable P. Mariano Avellana

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