Se inicia año jubilar al cumplir 150 años de misión en América

Una hermosa y significativa celebración fue la vivida en la Basílica del Corazón de María de Santiago de Chile este sábado 25 de enero, a las 11:00 hrs, con motivo de la conmemoración de los 150 años de la llegada de los Misioneros Claretianos a América y el inicio de las celebraciones por los 150 años de la Pascua de San Antonio María Claret, que culminarán el 24 de octubre en Vic, España.

La Eucaristía, que fue presidida por el obispo auxiliar de Santiago, Alberto Lorenzelli, contó, entre otros, con la presencia de los obispos Juan José Chaparro cmf, Hector Vargas, Gaspar Quintana cmf, los miembros del Gobierno General de los Misioneros Claretianos, encabezados por el Superior General P. Mathew Vattamattam cmf, el P. Mario Gutiérrez cmf, Provincial de San José del Sur, los Superiores de los organismos de la Congregación a nivel mundial y más de medio centenar de misioneros venidos desde los distintos rincones de América, así como también miembros de la Familia Claretiana y un gran número de laicos/as provenientes de las comunidades de San José del Sur y países cercanos.

La celebración tuvo un carácter solemne, sin perder el aire familiar. Se dio inicio a la misma en el patio de la Casa de la Comunidad de Santiago, desde donde salió la Imagen del Corazón de María, la misma que tuvo la primera comunidad misionera que llegó hasta Santiago en 1870. La misma fue cargada por algunos misioneros y antecedida por un Baile Religioso de Andacollo.

Ya en el templo – basílica, numerosos fueron los signos presentes: la Palabra acompañada en un ambiente festivo hasta el altar; la presencia de los frutos de la tierra representativos de los distintos lugares de Chile donde los claretianos realizan su labor misionera; Una ofrenda floral depositada en la tumba del Venerable P. Mariano Avellana cmf, como muestra de agradecimiento a tantos misioneros que dieron su vida en estos 150 años de presencia; Las oraciones hechas en distintos idiomas, signo de la expansión de la Congregación por todo el mundo; el Ave María, entonada por el P. Joseba Kamiruaga cmf…

En la homilía, monseñor Lorenzelli felicitó a la Congregación por tantos años de presencia, a la vez que animó a los presentes a continuar con esta obra evangelizadora: “Este acontecimiento que estamos celebrando, querida familia Claretiana, invita a hacer memoria para recordar de donde vienen, llama a vivir con realismo el presente como gracia generosamente dada, y urge a intuir proféticamente el futuro. No solo tienen una historia gloriosa que recordar, sino una gran historia que construir, poniendo los ojos en el futuro hacia el que el Espíritu Santo impulsa para seguir haciendo la obra de Dios”.

 Ya al finalizar la celebración, el Superior General P. Mathew Vattamattam cmf dirigió unas palabras, con las que declaró oficialmente el inicio de la celebración por los 150 años de la Pascua del P. Claret:

Queridos hermanos y hermanas,

 En los últimos días hemos caminado juntos, impulsados por nuestro carisma compartido en la Iglesia, para aprender de la vida de fe de San Antonio María Claret y del ejemplo de los pioneros claretianos en América, cómo responder a los desafíos de la misión hoy. Sabemos que el Espíritu ha donado nuestro carisma a la Iglesia para que seamos testigos y mensajeros de la alegría del Evangelio en nuestro tiempo.

Además de los Superiores Mayores de todos los continentes y de los representantes de las diversas misiones aquí presentes, hay otros muchos que están espiritualmente unidos a nosotros. Me gustaría leer un párrafo de la carta que nos envió el Cardenal Aquilino Bocos:

“Al pensar que vuestra reunión es en Chile, me entra un poco de nostalgia. La memoria me hace recordar, por las veces que estuve en esa bendita tierra, el gozoso peso de la tradición en santidad y vida misionera de la Congregación. Chile fue un foco de irradiación misionera no solo para América Latina sino para la Congregación naciente. ¡Cuántos sentimientos al recordar al P. José Xifré, al P. Pablo Vallier, al P. Mariano Avellana, el H. Miguel Xancó, al H. Pedro Marcer….! Ahora estoy con vosotros para agradecer los frutos de la primera Provincia de la Congregación y cantar con vosotros el Magníficat.”

También hay mensajes de Mons. Josep María Abella, Obispo Auxiliar de Osaka y del Rev. P. Gustavo Alonso, mis predecesores, y de Jolanda Kafka, superiora general de las Misioneras Claretianas. Junto con todos los misioneros y misioneras, nos alegramos y agradecemos a Dios por la vida y misión de nuestro Fundador y de los miles y miles de misioneros, religiosos y laicos que han entregado su vida para proclamar el evangelio al estilo de Claret.

Vengo de un país grande en el que la mayor parte de mis compatriotas no son cristianos. Esto me ha permitido conocer muy de cerca otras religiones y su comprensión del mundo, que es realmente fascinantes. Pese a ello, a la luz de tantas maravillas que nos rodean en el mundo, he llegado a la convicción de que el regalo más hermoso que he recibido del Señor es mi fe cristiana y, dentro de ella, mi vocación misionera claretiana. Me consta que se trata de un don que no merezco, por el que estoy inmensamente agradecido al Señor de la vida y del amor.

De joven, conocí a los Claretianos y sentí un profundo impulso misionero de servir a la gente en alguna periferia lejana. Pero no tenía ni la más remota idea de que ese impulso estaba muy profundamente conectado con un místico y hombre de acción de otra época y de otro contexto. Conocer la Congregación, y a través de ella a nuestro Fundador, San Antonio María Claret, rompió muchas barreras de distancia y tiempo y me llevó a la experiencia de compartir el mismo espíritu que movía a nuestro Fundador. Es nuestro carisma misionero, que, trascendiendo generaciones, culturas, idiomas y nacionalidades, crea comunión fraterna al servicio de la Iglesia y de la sociedad. Estoy seguro de que cuando Claret, hablando desde el corazón, dijo aquello de “mi espíritu es para todo el mundo”, nunca pensó en una asamblea como la nuestra, formada por personas venidas de todos los rincones del mundo, reunida en torno a un carisma para recordar la belleza de su vida desde esta periferia de la entonces ‘viña joven’ de América.

En el año 1870, el año de su muerte, tuvo la alegría de saber que sus Misioneros habían llegado al continente que tanto amó y para el que deseó ardientemente la presencia de sus misioneros. Me alegro mucho de que inauguremos aquí en Santiago de Chile la celebración del ciento cincuenta aniversario de su muerte.

Es la contemplación del final de una existencia la que revela cuál ha sido el designio de Dios en la vida de una persona que ha pasado a la historia como una parábola del amor de Dios por el mundo. Claret fue toda su vida misionero, enviado por Dios:

Como en el caso del compás, una punta estaba fija en Dios y la otra estaba completamente disponible para hacer lo que Dios quería. Esta punta se movía con agilidad misionera dibujando la historia del amor de Dios de una forma única desde seis áreas geográficas: Cataluña, las Islas Canarias, Cuba, Madrid, Roma y Fontfroide.

Su vida misionera se fue moldeando en todos estos lugares donde vivió la agonía y el éxtasis de su vocación. El contexto sociopolítico fue muy complejo y desafiante en su tiempo. Podemos aprender de Claret cómo llevar a cabo nuestra misión hoy a partir de la metáfora del compás, teniendo una punta fija en el Señor y la otra moviéndose libremente para acompañar a la gente cuya hambre de Dios se expresa de muchas maneras. Nuestra espiritualidad misionera, que implica la ternura del amor del Corazón de María y la firmeza de su “fiat”, es la clave para llegar a ser misioneros con corazón y así escuchar y cuidar a la humanidad herida y a la creación.

Como Claret, aprendamos del valiente ‘hágase’ (Fiat) de María a la llamada del Señor, un sí que la llevó tanto al pie de la Cruz como al amanecer de la Pascua. El fiat de Claret le llevó a rematar su misión en el exilio.

Acabamos de celebrar el Congreso de Espiritualidad organizado por MICLA. Durante cuatro días hemos puesto la clave central al pentagrama de nuestra vida misionera. Vic (el lugar en que nació nuestra congregación y en el que se custodian los restos de nuestro Fundador) y Santiago de Chile (lugar al que nuestros hermanos misioneros llegaron en 1870, el año de la muerte de nuestro Fundador) han estado simbólicamente unidos. Lo estarán de nuevo el 24 de octubre, cuando cerremos este año de conmemoraciones. La Misión es siempre un fruto de la Pascua.

Os invito, queridos hermanos, a honrar a nuestro Fundador en este año de efemérides abrazando aún más nuestra vocación misionera y sus implicaciones, llenos de alegría, y convirtiéndonos en testigos y mensajeros creíbles de la alegría del Evangelio en nuestros días.

Agradezco al Provincial de San José de Sur y al equipo de organizadores por su esfuerzo de organizar este Congreso que va a dar frutos en América y la congregación.

Con estas palabras comencemos formalmente las celebraciones del ciento cincuenta aniversario del nacimiento de nuestro Fundador para el cielo y dejarnos renovados por el espíritu que animó a San Antonio Maria Claret.

Finalizada la Eucaristía, se dio paso a una celebración en el patio de la casa de los Misioneros Claretianos en Santiago, espacio donde se pudo compartir la alegría y el encuentro de familia, hermanos, amigos, todas y todos unidos por el mismo espíritu que animó a Claret.

Queda la tarea de continuar los pasos de aquellos que precedieron este caminar misionero y de seguir abiertos a la acción del Espíritu que nos impulsa por lo desconocido, pero con la seguridad de que nos vamos solos… somos Familia, somos Comunidad, somos Iglesia.

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