Testimonio misionero de jóvenes voluntarias en la comunidad claretiana de Paraguay

4c2fd59c-2f55-4bfc-bc37-d8e1efb8555bMeli, Juli, Cande y Emi son los nombres de las cuatro jóvenes que pasarán algunos meses en la comunidad claretiana de Lambaré, Paraguay, donde participarán en varios proyectos sociales. Este proyecto es un parte del voluntariado provincial que lleva adelante Proclade.

Las voluntarias llegaron hace poco más de un mes a Paraguay, el tiempo justo para integrarse y empezar a conocer cuáles serán sus tareas. Ellas comparten sus primeras reflexiones sobre su experiencia:

“Llegamos a Paraguay el martes 9 de febrero. La comunidad local nos recibió muy cálidamente. Estamos muy agradecidas por ello. El tiempo tropical hizo que demoráramos nuestra adaptación en el lugar. Sufrimos mucho calor y por las noches nos ha costado dormir.

La primera semana hicimos nuestra primera visita a Villa Angélica. Allí funciona el comedor Santa Juana de Antida a cargo de las Hermanas de la Caridad (Teresa, Inmaculada, Mirta). El recibimiento fue muy lindo. El corazón de Dios representado en la ternura de los abrazos y las miradas de aquellos niños. Nos contaron que el nacimiento del lugar estuvo motivado por la cantidad de niños que viven en la villa. Al principio, se convocaban alrededor de un árbol. Mientras que, el cosido quemado, se preparaba en la casa de Ña Nati. Luego, gracias a una donación se pudo emprender la construcción de la estructura que en este momento los contiene.

6beb0214-f7c0-4372-a39a-e710c03fb18aEl comedor trabaja en relación con el programa estatal “Abrazos”. Bajo este proyecto se recibe los insumos necesarios para que los niños puedan tener el desayuno, el almuerzo y la merienda; y los materiales para que los educadores puedan fomentar la promoción integral de los niños. Los que están a cargo de los niños son 3 (Leticia, María, y Derling) cada uno con su respectivo grupo; y una coordinadora general (Julia).

Organizamos una primera reunión con ellos para poder establecer un primer diálogo aproximativo y poder ponernos al servicio de la organización. Nuestra proposición fue anexarnos, sin suplir su trabajo remunerado. Por su parte, el comedor tiene un horario de 8 de la mañana hasta las 16 horas. Nosotras decidimos, por el momento, acompañar hasta las 12 del mediodía que es después del primer almuerzo que se les da a los niños. Por la tarde, hemos intentado preparar algunas actividades e ir haciendo un diagnóstico de la realidad.

Esta primera reunión y nuestra primera aproximación con la realidad de Villa Angélica, particularmente con los niños, se enmarcó en nuestro primer “ver” según el método “ver, juzgar, actuar, celebrar”, para que, a partir de allí, pudiéramos empezar a esbozar algunos puntos propositivos. Reconocemos que lo vocacional y lo profesional ha determinado cierto desajuste en relación con los educadores. Eso presenta algunas dificultades a la hora del trabajo en equipo.

Además del trabajo con los niños, funciona el comedor para los abuelos de la villa. Esta actividad es llevada a cabo por las Hermanas de la misma congregación y bajo personas que voluntariamente se ofrecen para la cocina (la mayoría son mujeres).

Por otro lado, empezamos a sumarnos a las visitas que las hermanas Teresa e Inmaculada hacen por algunas de las casas de la villa y otros asentamientos. Es así que, el sábado 13 de febrero, por la tarde, conocimos a María, Petrona, Elías y Berna. Ellos son hermanos que sufren una enfermedad por la cual se van deteriorando los músculos hasta quedar postrados. María hace 9 años que se encuentra ya en cama sin poder mover su cuerpo. Petrona y Elías están en silla de ruedas. Berna es profesora y junto con sus hijos ayudan y acompañan en la movilidad de los hermanos y su higienización. Sus historias se han hecho palabra viva del Dios que camina por cada uno de nosotros. La fe que derramaron sobre nosotras es increíble. Su amor por la vida, la perseverancia. “Si tengo ojos y manos entonces es suficiente para poder trabajar”, nos dijo María. Descubrimos sus tejidos a crochet ya que estando en la cama trabaja en ello. Hermosas sus manualidades, tal fue así que nos llevamos algunas.

1d17d37e-868d-478c-84a0-abfdc6708a84Otro día, visitamos a Nélida, conocida como Ña Mamacha, mujer muy trabajadora, inquieta y muy participativa; pero que por la diabetes ha sufrido la amputación de sus dos piernas (una de ellas, hace un año). Esta situación la ha dejado postrada en la cama y por la cual ha devenido en una sensación de depresión. “Me desespera la soledad”, nos decía. Si bien vive con su esposo, el cambio tan fuerte de situación de vida, la ha llevado a poner en duda su propia existencia.

Fuimos a la casa de Fausto, un señor de unos 84 años. De fe intacta y de abrazos libres y espontáneos. Una caricia de humildad y sencillez. Nos deleitó con una oración cantada en guaraní mientras compartíamos a Dios. Caminamos unas cuadras y más adelante nos encontramos con Humberto, un hombre que nos enseñó sobre la simpleza de la vida y el valor de la mujer, luchadora constante en una sociedad machista.

El 14 de febrero nos encontró con el cumpleaños de una de la comunidad, Meli. Así es que para el mediodía la comunidad local preparó un rico asado y festejamos su vida con torta y el compartir.

Todavía hay mucho que trabajar y estamos por empezar a encauzar algunas de las ideas que como comunidad hemos discernido. Tenemos el anhelo de preparar la Semana Santa junto a los niños y jóvenes del asentamiento para vivir junto a Jesús su pasión, haciendo cuerpo las cruces de esta realidad y celebrar la tan ansiada pascua de la vida.

“Con toda franqueza puedo decir que, cuando pienso en la salvación de los hombres, no tengo descanso, no tengo consuelo; mi corazón se pone en camino.

La caridad me urge, me impele, me hace correr de una población a otra, me obliga a gritar.

Siempre me preocupaba de hacer felices a los demás, de ofrecerles el sentido de la vida; y esta era mi única ocupación y mi continua preocupación.”

(San Antonio María Claret)

Meli, Juli, Cande, Emi -Lambaré, Paraguay-

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