Seminarista claretiano relata su experiencia de vida y misión con la comunidad de Montevideo

image019Ovidio Javier Ortigoza es un Estudiante Claretiano de origen paraguayo que vive parte de su formación religiosa en la comunidad de Montevideo y que hoy relata su experiencia de vida compartida junto a los misioneros.

La Experiencia Comunitaria Apostólica es parte del trayecto formativo de los estudiantes y consiste en integrarse a una comunidad de misioneros claretianos y compartir con ellos su vida y misión diaria.

“Leyendo el reciente documento capitular de la congregación (Testigos- mensajeros de la Alegría del Evangelio), me permito escribir en pocas líneas mi vivencia en esta comunidad llamada “Inca”, que desde el momento que llegué, me recibió con los brazos abiertos.

image017Creo que es oportuno describir la comunidad donde estoy viviendo la Experiencia Comunitaria Apostólica (ECA), la comunidad más internacional de la provincia: Carlos Kunitzki (Rumano) caminando por los 91 años, Hernando Pulido (Colombiano) con 81 años, José María Gómez (Español) con 81 años, Jorge Alonso (Uruguayo) con 79 años, Carlos Kippes (Argentino) con 73 años, Sojan Abraham (Indio) con 36 años y yo, Ovidio Javier Ortigoza, (Paraguayo) el más joven de la comunidad con casi 33 años.

Como se darán cuenta, es en la comunidad donde uno tiene la posibilidad de experimentar lo intercultural como así también lo intergeneracionalidad. “Somos el pueblo de los muchos rostros y carismas”, como nos dice el documento capitular.

Desde esta experiencia puedo decir que Dios actúa y sigue actuando de diferentes formas y maneras, Uruguay por ser un país laico es desafiante, más aún a un paraguayo, que traigo dentro la experiencia vivida en mi tierra lo referente a la religiosidad popular (las novenas, procesiones…). Casi el 90%  de los paraguayos nos reconocemos católicos, en contraste con Uruguay donde hay cada día menos. Son dos extremos mirando desde lo religioso entre los dos países.

Al principio me resultó chocante esta realidad, pero esto fue una mirada desde “afuera”, porque estando ya casi seis meses en este país, me doy cuenta que en las raíces de muchas gentes de esta tierra oriental, está una religiosidad muy fuerte que no se supo trasmitir a las nuevas generaciones. Se ha cortado y por eso se siente y se ve que los católicos van disminuyendo cada día más.

image021Si estoy contando mi vivencia no puedo dejar de lado y dedicar por lo menos  algunas líneas lo referente a los días 12 de cada mes (día de San Pancracio). Donde la gente y sus múltiples necesidades no nos dejan respirar, en el buen sentido de la palabra. Desde las seis de la mañana que abrimos el templo, hasta las 21 horas que cerramos pasan varios miles de rostros, necesidades, sufrimientos y de modo especial pidiendo a  San Pancracio la salud y el trabajo.

Los días doce tengo la oportunidad de escuchar varios clamores de la vida, varias personas que se acercan al santo, sin darse cuenta que es el mismo sueño de Jesús. Hacer posible el Reino de Dios, porque con las donaciones que acercan en alimentos, ropas y medicamentos, nos posibilitan a nosotros extender ese Reino, a más de treinta  instituciones que cada mes llevan los alimentos para que ese sueño de Jesús sea posible también en su comunidad parroquial.

Por otro lado tenemos  las familias que le acompañamos en sus diferentes necesidades. Tenemos casi cien familias al mes reciben  canasta familiar, (aceite, arroz, azúcar, fideos, polenta, caldo de verduras, puré de tomate, harina,) tal vez sea poca cosa, pero para ellos es mucha porque, gracias a esta canasta pueden llegar hasta fin de mes  alimentar a su familia.

También tenemos el comedor Maciel, que funciona de lunes a viernes en la parroquia, haciendo directa referencia a las interpelaciones del Capítulo General, el nº 9 “El Clamor de los pobres y por la Justicia”.

Por el comedor pasan cada día entre 35 a 40 personas, la mayoría son gentes de la calle o están viviendo en un refugio donde solamente se les permite pasar la noche, por lo que durante el día tienen que buscar la forma de pasar la hora. Viendo sus necesidades y realidades, durante este invierno habilitamos un “salón de espera” al que llegan a las 9 de la mañana y almuerzan a las 11:30.

image015No podíamos permitir esta situación y mientras esperan la comida, en el salón le servimos un poco de café, té, galletitas, un ambiente agradable. Algunos vienen y enseguida se quedan dormidos, tal vez porque no durmieron la noche anterior a causa del frío o la lluvia .

En el comedor le servimos algunas comidas como, (guiso, polenta, pizza, torta, frutas) pero sobre todo con amor y cariño, que nos corresponden con un “¡Gracias padre! Muy rica la comida”.

Algunas veces paso por el comedor preguntando “¿Está rica la polenta?” y alguien me responde, “¡¡¡está exquisita, porque tiene carne!!!” Me pregunto cuántos días estará sin probar un pedazo de carne. Son  experiencias que la gente me enseña cada día sin la necesidad de ir a una universidad.

Otro día le pregunté a una persona “¿porqué estás fumando?” y me respondió, no sin ante contarme un poco de  su vida. “Desde los siete años que salí de mi casa durmiendo en las plazas, calles, en el mercado… es el único compañero que tengo somos fiel uno al otro, hasta ahora seguimos juntos”. ¿Le voy a pedir que deje de fumar? Me quedo sin respuesta, porque mi papá me enseñó que fumar es malo y si para una persona es la única forma de sentirse “acompañada” qué se puede decir.

En esta sociedad tan injusta con las personas que no “producen” y son descartadas, estamos llamados a cambiar esta realidad y dar una respuesta desde el lugar donde nos corresponda.

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Ovidio Javier Ortigoza
Estudiante Claretiano.
Montevideo 2 de Agosto del 2016

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