Saludo en el aniversario de la congregación: “Desatar las amarras para poder navegar”

mathew-vattamattamEl Superior General ha escrito una carta a la congregación con motivo de nuestro aniversario fundacional. En ella pide dejar las amarras que impiden navegar con libertad de espíritu y de movimiento para acudir donde haya mayor necesidad de evangelio.

“Queridos hermanos:

El 16 de julio, día de la fundación, nos invita a reflexionar sobre la inspiración que dio lugar a la fundación de la Congregación en una “pequeña celda” del seminario de Vic el año 1849.

Aquella “pequeña celda” fue el cenáculo en el que la primera comunidad claretiana recibió como don del Espíritu su carisma misionero y experimentó la presencia del Corazón de María en el momento de la fundación.

Todos estamos llamados a compartir la actitud de aquellos jóvenes misioneros reunidos en torno a Claret y amparados por la imagen del Inmaculado Corazón de María.

Su propia experiencia les había hecho descubrir la sed de la Palabra de Dios que tenía el pueblo y sentir la llamada de Dios a anunciar el Evangelio siguiendo el modelo de los apóstoles. Si se hubieran dejado llevar por sus temores y ansiedades ante la perspectiva de comenzar un nuevo proyecto misionero en aquel contexto histórico, hubieran encontrado mil razones y señalado diversos riesgos para aplazar su respuesta a la llamada de Dios o incluso para abandonarla definitivamente.

Sin embargo, ellos optaron por fiarse del Señor, el buen pastor, que señala el camino (cf. Sal 22). Lo primero que descubrimos, cuando contemplamos la escena de la fundación, es la disponibilidad de los fundadores para escuchar la voz del Espíritu de Dios antes que fijarse en sus temores y en las dificultades.

Cuando somos capaces de discernir lo que Dios nos pide en cada circunstancia, encontramos los senderos por donde caminar en tiempos difíciles.

Además, cuando observamos la vida misionera de la nueva comunidad claretiana y, de un modo especial, de nuestro Fundador, descubrimos dos características importantes que deben marcar nuestra misión:

  • La obediencia y la disponibilidad. Claret respondió a la llamada de Dios con una obediencia filial incluso cuando no alcanzaba a descubrir la “racionalidad” de lo que se le pedía. No fue fácil para Claret y sus compañeros comprender el plan de Dios sobre la recién nacida comunidad, cuando Claret recibió el mandato de ir a la lejana Cuba inmediatamente después de la fundación.
  • Sin embargo Claret descubrió en ello la voluntad de Dios y obedeció con un corazón generoso. Ello supuso dejar atrás sus proyectos misioneros para España y salir de su “zona de seguridad”, para ponerse en camino hacia aquellas periferias que Dios le indicaba.

Muchos de nuestros misioneros se encuentran atados a sus “zonas de seguridad misionera”,  dejando poco o nulo espacio al Señor para enviarlos a otras partes donde Él quisiera que colaboraran a Su misión.

Esto me recuerda la anécdota de un grupo de futbolistas de una isla que fueron escogidos para participar en una competición en la zona continental.

Llenos de alegría y entusiasmo por la noticia, estuvieron bebiendo un licor local hasta entrada la noche. Luego se subieron a una barca y comenzaron a remar con fuerza esperando llegar al lugar de destino antes de la salida del sol.

Al amanecer se sorprendieron al darse cuenta de que estaban en el mismo lugar en que habían iniciado su viaje. Tuvieron que lamentar que, a causa del alcohol que habían ingerido, se habían olvidado de desatar la barca del lugar donde estaba atada en el puerto.

Cuando un misionero queda atrapado por sus muchos apegos y su ambición personal, no es capaz de “desatar” su vida para estar dispuesto a remar hacia el lugar al que el Señor le envía.

El corazón filial de Claret le mantuvo siempre dispuesto a la misión del Señor. ¿Qué pasa con cada uno de nosotros en estos tiempos?

Mathew Vattamattam, cmf. Superior General”.

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