Relato de Misiones en Curiñanco y San Bonifacio

Antes y después de nacer la lluvia, los hijos e hijas habían bebido largas porciones de nubes, de bosques, de ríos. Todas las razas eran sonrisas, eran corazones y sueños; eran temores, miradas y horizontes, y los colores de la vida daban su alfabeto a las palabras con sus muchos sonidos. Y eran tantas, que todas ellas querían viajar por el cosmos, y, lo lograron…

Por eso hoy sabemos que, desde el otro lado de este tiempo, llegó una Palabra a esta tierra a ofrecer el calor de su alfabeto joven. Palabra que contempló primero y el paisaje le ayudó a interrogar después. Dios de estas tierras y tierras con el mismo Dios. Entonces, desde el cielo azul, bajaron los versos de nuevos colores, para abrasar en el desierto más húmedo de este mundo. Uno a uno, y en extraña magia de fuegos en el alma se iluminó con su canto, con su risa, con su esperanza.

Kenita, sabemos que fue una activa participante durante las Misiones de Curiñanco y San Bonifacio: ¿Cómo fue el inicio de esta experiencia misionera?

Siempre digo que en realidad nuestra experiencia misionera comenzó a las 07,30 hrs., del día viernes 07 cuando nos embarcamos en Temuco hacia Valdivia. Había un día hermoso, lleno de sol y el ánimo y disposición de todos se sentía en el ambiente. Recuerdo que a eso de las 12,30 hrs., ya estábamos en Curiñanco y la primera actividad que realizamos fue reconocer el lugar, instalar las carpas, acomodar nuestras cosas y, bueno, lo más importante, cocinar. Teníamos hambre. Desde luego que organizamos las actividades que se nos aproximarían: niños, trabajos comunitarios, mateada con adultos, limpieza, cocina y una especie de calendario de celebraciones.

¿Cuál fue la impresión al momento de llegar?

Ah, bueno, el rico almuerzo que nos preparamos fue también un espacio para comentar los sentimientos frente a este tiempo de misión. Insisto, el ambiente que se respiraba era de alegría, de gozo, de ganas de comenzar a trabajar en el momento, “ya”… En especial cuando mencionamos la palabra “cerca”, muchos agarraron palas o se probaron los guantes para comenzar a trabajar.

Se aprecia todo bien planificado pero en cuanto a la disposición, a las ganas de participar, ¿cómo fue aquello?

Aunque la tarea era bastante, el entusiasmo fue mucho más. Estábamos contentos porque íbamos a servir. Entre mates y sonrisas la tarde se nos fue; luego, tuvimos nuestro primer momento de celebración. Allí, como gran signo, impusimos la cruz a cada misionero y misionera. Después, evaluamos la jornada, designamos tareas y rotamos los equipos para enfrentar el segundo día desde que llegamos. La disposición fue total.

Sabemos que la lluvia es característica en la zona…

Sí… el sábado 12, luego de finalizar la Eucaristía en la mañana, el clima cambió. La lluvia fresca y suave fue el marco de inicio para las misiones. Avanzado el día y mientras preparábamos los materiales para las actividades, algunos carteles y designamos los hogares a visitar, la lluvia comenzó a ser tormentosa ¡Y vaya que tormentosa! Inmediatamente nos reunimos en la sede de Curiñanco donde estaban nuestras cosas, y, los más “abuelitos” buscaron sus frazadas para protegerse del clima fresco.

Es decir, el ánimo y las ganas fueron más que el clima, ¿no?

Sin lugar a dudas. Pasamos la jornada cantando, conversando y jugando a las cartas. Sabíamos que la lluvia en algún momento se dejaría caer, sin ser impedimento; más bien fue hermosa y nos ayudó para fortalecer las relaciones y dialogar entre todos. Recuerdo que al día siguiente, domingo 13, preparamos el equipo de misioneros que iría hasta el sector de San Bonifacio. De esta manera cumpliríamos el objetivo de dividir el equipo y así atender de mejor forma los diversos sectores. El equipo de Curiñanco inmediatamente comenzó las labores de cambio e instalación del un nuevo cerco para la capilla, y afinar detalles para las actividades con niños y visita a los hogares, mientras el equipo de San Bonifacio inició la marcha hacia su destino: la sede social del lugar. Allí, las personas esperaban la llegada del grupo. Finalmente, despedimos al P Mario Gutiérrez quien regresó a Temuco a proseguir tareas en el Colegio.

¿Qué nos podrías decir en torno al “sentir de las personas del lugar”?

¿Te refieres al sentimiento frente a nuestra presencia misionera?

Sí…

De mucha alegría. Daba la impresión que nos esperaron durante todo el año. Muchos nos acogieron y nos trataban con cariño. En sus palabras las expresiones que más se repetían era “gracias por venir”, “gracias por estar con nosotros”, y así. Por ejemplo, el lunes 14 fuimos a trabajar en el jardín Peewe Peuma que significa “Mis Sueños”, y nos acogieron con los brazos abiertos. Allí jugamos, repartimos dulces y compartimos colores y cuentos con los más pequeños. El P Mario Bússolo estuvo todo el tiempo con nosotros; su espíritu misionero lo hizo estar presente en todos los frentes misioneros, sobre todo con el diseño y confección de la nueva cerca para la capilla de Curiñanco. Así fuimos concretando cada uno de los objetivos que nos establecimos.

Al parecer, la mateada fue una de las actividades más esperadas.

Y es quizás el mejor signo para demostrar que las personas estaban contentas con nuestra presencia. Fue el miércoles 15. Entre sopaipillas, tortillas, mates dulces y amargos, comenzó a sonar la guitarra con vals y guarachas. Lo que en sus comienzos era algo más o menos tímido fue tomando cuerpo. Al final, la alegría, el compartir y las risas ayudaron a olvidar la lluvia que se dejaba caer con intensidad. Bueno, la obra de teatro que organizó el grupo de misioneros hizo reír a todos a carcajadas. Recuerdo que desde un comienzo, cuando asomó la idea de una mateada, el propósito era fortalecer lazos entre la comunidad y los misioneros y ciertamente que lo conseguimos. Ver a la sra. María o don Belisario reír fue para nosotros un buen termómetro para tomar la temperatura a la misión.

Hasta el momento sólo son noticias de Curiñanco, ¿qué nos puedes contar sobre San Bonifacio?

En todo momento estuvimos en comunicación con el equipo que estaba en San Bonifacio. Ellos se impresionaron frente a la cantidad de hogares que hay en el sector. Un día lograron bajar a la caleta de pescadores llamada Pilocura pero la acogida no fue la deseada. Algunas personas miraban con recelo la presencia de los misioneros y en más de alguna visita se oyó decir que “mejor en otro momento”. Sabemos que las cosas en ocasiones nos son fáciles o las más deseadas, pero el equipo quedó contento pues logró llegar hasta un sector de difícil acceso por la topografía tan compleja del sector. Es en ese contexto que nace el término curi-facio…

¿Curi-Facio?

Sí. Es la síntesis de Curiñanco y San Bonifacio. Ya no será más Proyecto Curiñanco, sino Curi-Facio en el sentido de unificar y mejorar este servicio misionero en ambos sectores. Es como la suma de interacciones de vivencias entre los dos equipos de misioneros. Algo de ello se dejó entrever el día jueves 20, penúltimo día del tiempo de misiones. Hubo una última actividad artística con los más pequeños, luego la Eucaristía con la comunidad cristiana que participó activamente. El tema fue: el Compartir. Sin embargo, nadie sospechó que al finalizar la celebración eucarística la comunidad prepararía una de las más lindas despedidas con canapés, küchen, sopaipillas, etc. Todos nos abrazamos y nos alentamos, y nos deseamos un buen año. Después, nos congregamos ambos equipos misioneros en la sede de Curiñanco. La nostalgia se apoderó de nuestros corazones y fuimos preparando los detalles para el retorno que sería al día siguiente. Antes bien, a eso de las 23,00 hrs., tuvimos una entretenida velada donde la soprendente participación del actor Che Mario (P Mario Bússolo), fue creíble y bastante entretenida. Sin embargo, los detalles exquisitos y muy entretenidos los dejaremos para otro momento…

Kenita

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