Padre Fernando Llanos: “Mi camino misionero fue inspiración del Señor”

Entró al seminario cuando tenía solo 10 años. Han pasado más de ochenta desde ese día que su madre lo llevó de la mano y lo dejó muy  pequeño entre varios religiosos claretianos que le enseñaron desde ocupar el cubierto en la mesa hasta seguir la senda de su vocación.

A los 23 años se ordenó como Claretiano y explica que ser misionero e hijo del Inmaculado Corazón de Maria ha sido la mejor manera de servir a su Maestro y a su madre Maria en esta tierra.

Todos cuando nos ordenábamos, íbamos a la educación, a la enseñanza. Recién ordenado el Provincial me dijo que escribiera a Temuco, pero a las pocas horas prefirió enviarme a Antofagasta, por eso digo siempre que mi primer amor fue Antofagasta

Enamorado de esa tierra árida ha cumplido allí cuatro periodos. Para el Padre Llanos su camino misionero fue inspiración del Señor y su carisma claretiano está representado en la manera que se predica la Palabra.  “Lo más lindo de ser claretiano es saber entregar la Palabra. No solo en lo ritual, sino lo que a uno lo conecte con el público , eso la gente lo agradece mucho. Me encontré el otro día con una religiosa coreana, y me dijo: ‘¡Padre, me gusta tanto su misa!’. Por eso trato que mi celebración sea una novedad, esa es mi gran devoción claretiana: la misa, el rosario y los dolores de la Virgen”.

Para el sacerdote, el gran  aporte de los claretianos en Chile ha sido ofrendar  hijos misioneros  y repartirlos con sus talentos en esta tierra. En su caso una larga y fecunda trayectoria como profesor de francés y música a decenas de generaciones de jóvenes. Es un profundo conocedor del arte del solfeo y el compás: “Cuando llegué a Antofagasta estaba la brigada scout Ramón Freire y les hice el himno”. La letra la conserva clara en su memoria y la entona con la fuerza de una voz, si bien envejecida, aun con potencia que crece con el entusiasmo que la canta. Hizo también la letra del Himno del Colegio Claretiano de Gran Avenida en Santiago, el que se cantó siempre hasta que cerró sus puertas, dice.“En mi colegio muy querido, segundo hogar….”

Su fe y devoción al Padre Mariano Avellana lo llevó también a componerle dos himnos. Una plegaria y otro a cuya oración le incorporó la música

En Antofagasta el P. llanos ha realizado cientos de confesiones, bautismos, y atención a los enfermos. En ese sendero misionero llegó a ocupar el cargo de capellán del hospital Antofagastino y hoy cuando recorre las calles de la ciudad mucha gente le recuerda y lo abrazan con cariño y gratitud.  La unción de los enfermos la entregaba diciéndole a la persona “Aquí tiene el pasaporte para ir al cielo si el Señor lo llama y le imponía sus manos en la frente como lo aconsejaba Jesucristo”.

El P. Llanos diariamente escribe, resuelve puzzles, toca el violín, repara desperfectos domésticos y en la actualidad completa un cuaderno con cientos de siglas y sus significados, como un aporte que dejará a la comunidad para la comprensión de estas abreviaciones.

Al terminar esta conversación su expresión se dulcifica más aun, para expresar que solo quiere  agradecer a Maria que “me escogió para ser hijo suyo” y entona el himno “A la madre que reina en el cielo entonemos una ardiente canción”. También inspirado en Ella, el padre Llanos cuenta que le reza cada mañana y cada noche: “Oh señora mía, madre mía, acordaos que soy solo vuestro, consérvame y defenderme como hijo y posesión vuestra”.

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