Nuevo Cristo en la Basílica, y Claret en la comunidad central

CristoUn nuevo Cristo Crucificado mantiene desde hace pocos días una de las devociones más acendradas entre los fieles que concurren a orar en la Basílica madre del Corazón de María, en Santiago.
Es la imagen que ha venido a sustituir a la histórica efigie del llamado “Cristo de las Logias”, que fuera arrancada de su sitial y robada por desconocidos hace dos años, como se informó y comentó más de una vez en estas mismas páginas.

Se trataba de una talla en madera, de un metro aproximado de alto y un estilo típico en la imaginería del siglo XVIII. Esto, al parecer, incentivó al o los ladrones a perpetrar el robo para comercializar la que era una valiosa reliquia.

Porque más que un precio comercial, ese Cristo tenía un profundo valor histórico y emotivo. Por más de un siglo había permanecido adosado a una columna central del primer templo levantado por los misioneros claretianos y primera Basílica del Corazón de María en el mundo.

Salvado de una logia

Según tradiciones de la casa madre claretiana en Chile –a cuyo alero surgió la Basíica en 1879- a fines del siglo XIX y en plena época de enfrentamiento entre la Iglesia y la Masonería, vino a confesarse en el entonces flamante templo cordimariano un integrante de una logia muy impactado por los vejámenes que en ella se cometían con una imagen de Cristo. El confesor, uno de los primeros claretianos en Chile, lo animó a rescatar la efigie, la que el hombre trajo poco después, tan de prisa como la robarían más de un siglo después.

Desde entonces el Cristo de las Logias concitó una veneración popular que se acrecentaba cada Viernes Santo, única oportunidad en que era sacado de su sitial para ser venerado en la Liturgia de la Pasión.

Tras el robo se mantuvo durante dos años la cruz desnuda, con un texto a sus pies que recordaba la historia del Cristo, daba cuenta del robo y solicitaba algún dato sobre su posible paradero.

Entre tanto se habían hecho las denuncias oportunas a la policía, y unos pocos medios de comunicación se interesaron por el robo de la imagen, uno de los tantos que con ordinaria frecuencia se cometen en los templos. Pero la imagen, hasta ahora, no apareció.

Sin embargo, los devotos del Cristo continuaron orando en forma constante frente a la cruz, gesto que refrendó la profunda vigencia de esa devoción entre los feligreses y visitantes de la Basílica.

Ello movió a la comunidad claretiana a reponer la figura del Cristo, cediendo para ello otra antigua imagen que por muchas décadas presidió su biblioteca central, situada en la casa contigua al mismo templo.

Esta efigie del Cristo sufriente en su singular tormento, tiene una conmovedora belleza que ha atraído a los fieles desde su instauración. Esta quedó oficializada el 16 de julio, en el 160º aniversario de la fundación de la congregación de misioneros como “Hijos del Corazón de María”, por san Antonio Mª Claret.

En las misas de los domingos siguientes, el P. Pompeyo Corada ha invitado a los asistentes a realizar el Acto Penitencial a los pies del Cristo, para subrayar la presencia de la nueva imagen.

La acogida del Padre a casa

Claret 1En los mismos días en que se materializaba la instalación del nuevo Cristo en el templo basilical, quedó colocada en el ingreso a la casa central claretiana una de las tres imágenes de san Antonio Mª Claret encargadas a un escultor peruano y traídas recientemente desde Arequipa, mediante una verdadera operación terrestre protagonizada por el P. Jorge Mella, según dio cuenta una animada crónica en estas páginas.

La imagen, de 1.50 m. de alto por 0.55 m. de ancho y 0.50 m. de fondo en su pedestal, igual a las otras dos, está confeccionada en fibra de vidrio, lo que, además de su menor peso respecto de las tradicionales en yeso, garantiza una gran durabilidad y buena conservación.

Situada ahora en el corredor central de la casa y frente a su puerta habitual de acceso, la figura del Padre Claret con la actitud de sus manos, impresiona gratamente como un primer gesto de acogida a cuantos ingresan al recinto comunitario (Alfredo Barahona).

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