Lecciones de Jacobacci después de la tormenta

El padre Francisco Chlemer ha vivido probablemente uno de los episodios más conmovedores de su vida como misionero, tras la erupción del volcán Puyehue que cubrió de ceniza con más de 15 centímetros la ciudad de Jacobacci y otros cientos de poblados en la Patagonia argentina.
En su escrito, el padre Francisco nos relata vívidamente parte la dantesca experiencia, que comenzó a gestarse en junio pasado, tras la locura de la naturaleza que hizo esconder el sol a pleno día y cubrir cientos de poblados con toneladas de cenizas volcánicas, dejando un reguero de angustia y preocupación entre sus habitantes.

A continuación un extracto de su valioso relato:

“La tormenta de ceniza desatada desde más de 300 km de distancia, cubrió toda la zona con más de 15 cm. toneladas y toneladas de ceniza. Como resultado se vivió el doloroso espectáculo del sol escondiéndose en pleno día.

La onda expansiva provocada por los truenos, el fuego y los materiales que escupía el volcán, en su encuentro con la atmósfera, sumió a la zona en una situación de zozobra de miedo y de inseguridad. Era como tener las explosiones en el propio patio, pero venían acompañadas por ráfagas de viento de 100 km por hora y provocaban el temblor de las paredes y los vidrios.

UNIDOS POR JACOBACCI

La naturaleza estaba de fiesta o se puso loca. Quien sabe.

Entrábamos en emergencia y fue necesario comenzar a reunirse. De todas partes aparecieron voluntarios. No así desde las áreas de poder municipal, provincial, ni nacional.

Los jóvenes de Jacobacci, que estudian en otros lugares como Viedma(500 km), Cipoletti (500 km, Comodoro Rivadavia (1200 km) Bahía Blanca ( 900 km) y otros, comenzaron a hacer campañas de ayuda. Pronto llegaron cargas de barbijos, guantes, medias, antiparras, agua mineral, alimentos, ropa y calzado para socorrer las necesidades.

En esta localidad de diez mil habitantes, la gente conformó la organización: “Grupos unidos por Jacobacci y sus rurales”, con el fin de dar cauce a las donaciones recibidas y socorrer la emergencia.

El grupo lo integraron padres y madres de familia, docentes del primario y secundario, agentes Pastorales de varias Iglesias, personal de los Medios de Comunicación…

Se depositaron las donaciones en tres lugares distintos: el club Huahuel Niyeo (su salón de fiesta), el S.U.M (salón de usos múltiples) de la Escuela 17, y el salón Parroquial Ruka Mew.

“LADRAN SANCHO….”

Aunque los problemas no se dejaron esperar, nunca hubo desaliento. A pocos días del drama, el Intendente, que debió estar al frente de la organización para la emergencia, como en Argentina se vive un año político, acusó a través de los medios de comunicación al párroco P. Jorge, a la catequista Rosa y a un personal de radio nacional de hacer campaña política partidaria (del partido contrario al de él). Eso produjo comentarios, idas y venidas… y generó en la gente un mayor deseo de trabajar, y una mejor organización.

Unidos por Jacobacci y sus rurales se puso las pilas y se organizó mucho mejor. Aunque no estaba explicitado, su lema era: “Ladran Sancho…” Y mientras unos recibían las donaciones, otros las seleccionaban, otros hacían los módulos, otros entregaban, transportaban y confeccionaban panillas, trabajando como una verdadera colmena: barbijos, guantes, medias, antiparras, ropa, alimentos Todo está debidamente documentado y puesto a disposición de quienes lo deseen consultar.

NO SE DEJARON VENCER

La emergencia no ha terminado, pero ya estamos mejor asistidos. Así que ahora hay que mirar para adelante y mediante el proyecto “un fardo para mi hermano” continuar el trabajo de socorrer lo que se viene en el campo. Las ovejas y cabras están en gestación y los meses de septiembre y octubre serán los más críticos.

Nos quedan varias enseñanzas. Si uno pasa por estos “lares” se encuentra con la soledad, la sequía y la nada, pero hay una calidad impresionante de personas que no se dejan vencer, que creen en la solidaridad (de sólido, de firmeza, perdurable) y por eso ofrecen su tiempo, sus manos, sus pies y su corazón, se organizan y dicen presente.

La gran experiencia es que ya no hace falta preguntarse por qué nos pasan estas cosas (caprichos de la naturaleza) sino para qué nos sirven. Aprendimos la lección de salir de nosotros mismos, reconocernos hermanos y ciudadanos, conocernos mejor y querernos más. Vale la pena.

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