Emotivo relato de la Vigilia de Pentecostés en Montevideo

Desde Montevideo el equipo de Pastoral Juvenil Claretiana de la Parroquia Inmaculado Corazón de María nos envía un emotivo relato de la celebración de Pentecostés:

Crónica de una Vigilia  sobre  hacer y amar
“El mundo necesita gente que ame lo que hace”. Esa frase había estado rondando en torno al grupo a través de un video y unos afiches que nos habíamos intercambiado por correo electrónico. Uno a veces no llega a imaginarse que de un “che, miren el video que encontré!” pueda surgir toda una actividad que involucre desde el vecino que va a misa a la parroquia, hasta un malabarista con fuego, pasando por el toque de una banda y la construcción de una vasija en un torno de alfarero…bueno, a PJC Montevideo le pasan esas cosas, y ese día le pasó. Estábamos reunidos como tantos sábados, cuando buscando un tema para preparar la Vigilia de Pentecostés, volvimos sobre esa frase para finalmente elegirla como leit motiv.

Teníamos aproximadamente un mes de tiempo, mes que dedicamos a soñar nuestra vigilia con lujo de detalles. Cada sábado trabajábamos en el intercambio de ideas para la organización y la difusión. En medio de los preparativos, un trabajo de reflexión que realizamos como grupo sobre el sentido de amar lo que hacemos y sobre las personas que fueron testimonio para nosotros de vocación y pasión,  duplicó nuestras ganas y nuestro entusiasmo. Nosotros, los cristianos, tenemos la convicción de que no hacemos las cosas solos, sino impulsados por el soplo de aquél que hace que pongamos en cada cosa lo mejor de nosotros, los dones que nos fueron dados. Amar lo que hacemos es dejarnos llenar del Espíritu en nuestra vida cotidiana, romper las rutinas que agobian, ponerle la máxima pasión a las cosas. “La gente que ama lo que hace, hace lo mismo que todo el mundo pero de una forma diferente” decía aquél video, y eso nos cautivaba.

Llegó el sábado 26 de Mayo, eran las 8 de la noche cuando abrimos las puertas. Habíamos estado desde el mediodía ambientando el salón, instalando los equipos, ultimando detalles. Esa última semana había sido clave, sobretodo los tres días previos a Pentecostés, en los cuales definimos gran parte de la vigilia -como para no perder esa idiosincrasia uruguaya de dejar todo para último momento que, por gracia, siempre acaba por salir bien. Los invitados terminaron de llegar a las 9 (hablando de idiosincrasia uruguaya). Eran menos de los que esperábamos, es cierto, pero no era momento de pensar en eso ya, sino de comenzar, de compartir con la comunidad todo lo que veníamos preparando hacía casi un mes y que ya echaba raíces dentro y fuera de nosotros.

Primero las dinámicas de conocimiento e integración y un mundo fabricado a escala donde dejamos plasmado quiénes somos y qué hacemos. Luego una profundización a través de preguntas, y la posterior puesta en común. Le siguió la participación del grupo de Teatro Espontáneo, el toque de Kerigma, la lectura orante, y finalmente la sorpresa de malabares con fuego encabezando la procesión hasta las puertas del templo. Camino a la eucaristía, además de una vela cada uno llevaba consigo una pequeña vasijita construida durante la noche, vasijita que es signo de nuestra propia vida donde Dios es alfarero, y que luego sería parte de una vasija común.

El tiempo transcurrió, el Espíritu se hizo presente, como Comunidad nos emocionamos, nos reímos, compartimos.

A las 2:15 de la madrugada -cuando finalizó la misa que dio cierre a una Vigilia de 5 horas de duración, donde el fuego y la arcilla, como símbolos, habían sido protagonistas- la emoción de la comunidad y los abrazos de la gente querida nos decían que todo había sido un éxito. A pesar de las corridas, los cambios inesperados de planes, y los nervios…todo había sido un éxito. Y enseguida, los abrazos entre nosotros, PJC, un grupo de amigos que insiste en autoconvencerse que cada cosa que hace no es un sueño loco, sino un signo de gratitud para aquél que nos regala la vida. Eran abrazos y saludos que llevaban consigo la sensación gratificante de que todo había salido tal y como lo esperamos, porque amamos lo que hicimos, porque pusimos lo mejor de nosotros y eso, con el toque mágico del Espíritu, esa noche había dado su fruto.

Seguro la comunidad se llevo algo nuevo, quizá fueron tan solo preguntas -¿amo lo que hago? ¿por qué no hago aquello que desearía con el corazón?- quizá fueron respuestas que habían venido a buscar, quién sabe; lo cierto es que si algo se movió en el alma, fue señal de que todo tuvo sentido. Nosotros también nos llevamos algo, pues sentimos multiplicarse lo que dimos.

Esa madrugada me fui a dormir con una sensación de alegría profunda, de agradecimiento. Habiendo experimentado el amor de Dios, su apoyo incondicional y su empuje para hacer lo que amo y sentir que vale la pena. Y pensaba en ese momento que ojalá mis compañeros estuvieran experimentando la misma sensación.

“El mundo necesita gente que ame lo que hace”. La frase que había sido principio y motor de toda esta locura linda resonó de nuevo en mí antes de dormirme.  “Señor, hacé que yo sea de esa gente” le dije bajito. Y apagué la luz hasta el otro día.

Ver fotografías

 [set_id=72157630346947302]

 

1 comentario

  1. Diego dice:

    Muchas felicitaciones Muchach@s!!!
    Un abrazo grande desde Rosario….
    A seguir contagiando el Evangelio!

Deje un comentario