El testimonio perdurable de Mariano Avellana

padremarianoCiento diez años de la pascua del Venerable P. Mariano Avellana conmemoramos este día, 14 de mayo.

A más de un siglo de distancia, la figura de uno de los mayores testimonios de santidad ofrendados al mundo por la congregación claretiana sigue siendo modelo, norte y orientación; para los misioneros hijos de Claret en primer término, pero también para todos quienes se sienten hermanados en su familia por el carisma de su pasión evangelizadora, y para todo el pueblo cristiano. No en vano la figura de Mariano ha sido exaltada por la Iglesia como modelo heroico de fidelidad a la propia vocación de vida, al ser declarado venerable.

Se dice fácilmente esto de fidelidad heroica, pero conviene profundizar en su significado. Porque ser fiel en forma heroica significa mantenerse en ello hasta el extremo de las capacidades humanas; sobrepasando las debilidades propias de la naturaleza humana, las penalidades, el cansancio y el agotamiento de las fuerzas físicas, las enfermedades y hasta dolorosas llagas prolongadas en el cuerpo durante décadas.

Tercera expedición claretiana a Chile: 1873  Aparece el P. Mariano, segunda fila, con un libro de rezo.

Tercera expedición claretiana a Chile: 1873
Aparece el P. Mariano, segunda fila, con un libro de rezo.

Tal es el testimonio que aquel porfiado aragonés se propuso como objetivo cuando, a poco de ingresar en la Congregación y ser destinado a Chile, prometió: “¡o santo, o muerto!”.

Y de que lo cumplió no cabe duda. Sobre la forma, queda en evidencia que lo hizo dedicándose con todas sus fuerzas físicas y espirituales a su vocación misionera. Su vida a partir de su llegada a Chile en 1873 puede definirse como una acción permanente, abrasadora, acuciante, de evangelizar al estilo de Claret. Con el ánimo de ojalá llegar al mundo entero; pero, a la vez, con el criterio y las acciones prácticas de quien no se queda en idealismos abstractos sino que se vuelca en el “aquí y ahora” donde lo había puesto la vocación divina a través del envío de sus superiores.

Por eso, ya desde pocas semanas después de haber arribado a Santiago de Chile, Mariano salía a misionar. Comenzando por los alrededores, en las parroquias cercanas, en los suburbios, y luego a través de los campos, aldeas y villorrios más apartados, sin descuidar los centros urbanos en incipiente crecimiento, dentro de un país de profundos y agudos contrastes sociales, donde la pobreza, las injusticias, la marginación y el abandono eran realidades más que evidentes.

Carrizal Alto, Chile: Vista del hospital donde murió el P. Mariano. Actualmente no queda nada del pueblo.

Carrizal Alto, Chile:
Vista del hospital donde murió el P. Mariano. Actualmente no queda nada del pueblo.

País que asentaba entonces su economía en una actividad agrícola primordialmente de subsistencia mantenida por siglos, y un desarrollo minero de reciente expansión, el sistema politicosocial chileno trashumaba la pobreza junto con los ganados del campo, bajo un sistema feudal manejado por una casta de poderosos terratenientes cuyo dominio sobre el país se prolongaría por casi otro siglo. La tímida expansión urbana, principalmente de la capital, iba atrayendo sobre ella con espejismo vano a crecientes masas empobrecidas que se fueron apiñando en los suburbios para vivir un mero cambio de ambiente y una situación muchas veces peor de la que habían sobrellevado en el campo. Otra “quimera del oro” arrastraba a los más osados hasta los centros mineros del norte del país, donde vivirían igualmente la explotación, la injusticia y hasta la represión masiva a sangre y fuego contra hombres, mujeres y niños cuando intentaron rebelarse.
A lo largo de más de 1.500 kilómetros de un país así, angosto y extenso en geografía y penurias, se volcó la pasión evangelizadora de Mariano Avellana. Y, como no podía ser menos, se centró de preferencia en los más pobres y abandonados, enfatizando un cuidado preferente por los enfermos y los encarcelados.

El recuento de sus misiones en estos ambientes sobrepasa las 700. Hay que considerar que, al estilo de esos tiempos, se trataba de un conjunto de actividades principalmente sacramentalizadoras que se prolongaban desde la madrugada hasta la noche por un lapso de diez días. Siendo así, un mero ejercicio matemático deja en claro que Mariano misionó de esa forma por un período de al menos veinte años, de los casi treinta y uno que vivió en Chile; hasta su muerte como “genio y figura”: durante una misión en un pequeño pueblo minero.

Pero si misionó por veinte años, su extenso proceso de beatificación deja en claro que la mayor parte de la década restante no la dedicó al descanso, sino a sus objetivos preferentes: los hospitales de pobres y los presos.

Padre Mariano Avellana, 1899 Archivo de la Postulación. Se considera la foto oficial; hay otras de pinturas hechas sobre su figura.

Padre Mariano Avellana, 1899
Archivo de la Postulación. Se considera la foto oficial; hay otras de pinturas hechas sobre su figura.

Menudo ejemplo el de tamaño misionero, para sus hermanos claretianos de hoy que, llamados a “arder en caridad”, tienen ante sí el desafío de evangelizar a un mundo donde muchas formas han cambiado, pero las injusticias, la explotación de los más pobres, la marginación y el abandono de grandes mayorías sólo han mudado de rostro. Lejos de ser superadas, son parte esencial del más poderoso sistema de dominación global conocido en la historia.

Ejemplo no sólo para el ámbito religioso, sino para todos los cristianos, llamados hoy por el papa Francisco a dejar la comodidad de sus hogares para salir a llevar al conflictivo mundo de hoy el mensaje salvador y liberador del Evangelio.

A Mariano Avellana, “misionero ideal” como Claret, anhelamos poder mostrar pronto ante el mundo como ejemplo de fidelidad a Dios, elevado a los altares. Propiciarlo con la palabra y la difusión, principalmente entre los enfermos, es misión que toda la familia claretiana tiene por delante. Pero es aun mayor la tarea de difundirlo con el ejemplo de la propia vida.

Alfredo Barahona Zuleta
Vicepostulador Claretiano en Chile

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