“El Tambo”, Pastoral Universitaria de vanguardia

Desde 1970 hasta al presente los Misioneros Claretianos de Argentina y Uruguay han sostenido una original posición apostólica especialmente dedicada a la pastoral con jóvenes universitarios llamada “El Tambo”. La denominación le viene del lugar donde estuvo emplazada la casa en sus inicios, la calle Tambo Nuevo, en barrio Bajo Galán, en la ciudad de Córdoba Capital, en el centro de la República Argentina. Actualmente la comunidad está ubicada en las inmediaciones de la Ciudad Universitaria de Córdoba, una zona densamente poblada por jóvenes procedentes de distintos lugares del país que acuden a estudiar y formarse profesionalmente en las distintas facultades y universidades de la ciudad. 

UNA OPCIÓN EVANGELIZADORA QUE NACE DEL AMOR PREFERENCIAL POR LOS JÓVENES

El Tambo es una casa de puertas abiertas, un lugar donde los jóvenes, en su mayoría universitarios procedentes de distintos lugares del país, encuentran acogida y contención al inicio de una nueva etapa en sus vidas, la de los estudios universitarios, signada por cambios profundos y significativos. La misión compartida enriquece la singular propuesta pastoral: favorecer el encuentro de los jóvenes con Cristo, brindarles la posibilidad de conocerse mejor a sí mismos y abrir horizontes nuevos de compromiso fraterno, profético y misionero en el seno de la Iglesia, a partir de los cuales armar el propio proyecto de vida cristiana y desarrollarse personal y profesionalmente.

“COMUNIDAD” ES LA PRIMERA PALABRA MISIONERA

Un grupo conformado por los misioneros cmff, religiosas y laicos acompañan la experiencia de chicas y muchachos que conforman pequeñas comunidades donde comparten la fe, la vida y un servicio pastoral concreto: unos se dedican a dar catequesis de primera comunión y confirmación en zonas marginales de la ciudad; otros realizan actividades recreativas con niños de barrios carenciados u hogares de niños judicializados; hay quienes visitan a personas en situación de calle; otros acompañan a inmigrantes que ocupan terrenos fiscales y se organizan como cooperativa para adquirir la propiedad de la tierra; un grupo realiza trabajos sanitarios de prevención y cuidado destinado a chicas adolescentes y madres jóvenes; otros enseñan oficios y electricidad a adolescentes en riesgo por adicciones; otros hacen tareas de promoción o formación con mujeres. Dos comunidades animan la liturgia dominical con el ministerio de la música. La experiencia comunitaria conlleva una apertura a los que son diferentes y que provienen de culturas y diversas prácticas eclesiales. Esta vivencia comunitaria es palabra misionera en el mundo de los jóvenes que llegan a “El Tambo”.

JÓVENES QUE EVANGELIZAN A OTROS JÓVENES

La puerta de entrada a las comunidades del Tambo suelen ser los mismos jóvenes que se pasan el dato unos a otros, o grupos especialmente convocantes que ofrecen en la casa un espacio recreativo gratuito para el aprendizaje de danzas folclóricas, tango o salsa. Es impresionante la convocatoria que tienen estos ámbitos para los jóvenes en Córdoba. Varios otros se acercan con el interés de recibir alguno de los sacramentos de iniciación, o motivados por otros espacios que se ofrecen en El Tambo a todos los que quieran aprovecharlos: lectura orante de la Biblia, encuentros de formación para crecer en la fe y la misión, oraciones comunitarias junto a Jesús Sacramentado, reuniones de reflexión y debate sobre problemáticas de bioética y derechos humanos, retiros espirituales en clave bíblica, encuentros vocacionales y días de desierto, caminatas y paseos, encuentros para novios, acompañamiento y diálogo personal con quienes lo requieran, las eucaristías de los domingos o con los grupos misioneros de la Arquidiócesis de Córdoba. Los jóvenes son verdaderos protagonistas de la pastoral tanto en la planificación anual como en las actividades que la concretan, los momentos de evaluación y las celebraciones de la comunidad. Es impactante el sentido de pertenencia y compromiso de los universitarios así como el interés por buscar formas creativas de hacer llegar a otros el mensaje y los valores del Evangelio.

DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESÚS ENTRE LOS POBRES

Especial esfuerzo y dedicación se dedica a las actividades misioneras que se llevan a cabo durante la semana santa y el mes de enero en distintos lugares del país. Actualmente la misión de Semana Santa se lleva a cabo en Camino San Carlos; un barrio de la periferia de la ciudad relativamente cercano al Tambo, al que los jóvenes continúan visitando durante el año con distintas iniciativas. En esos días, los universitarios comparten las celebraciones propias del tiempo litúrgico y organizan actividades diversificadas para los vecinos, particularmente para los niños, los jóvenes y las mujeres del barrio. En cambio, en el verano de esta parte del hemisferio, durante el mes de enero, las actividades misioneras son más prolongadas y se llevan a cabo en lugares geográficamente más alejados, en las provincias de Río Negro (sur del país), Jujuy (noroeste) y Chaco (noreste). Estas misiones del Sur, del Norte y del Impenetrable tienen por destinatarios a los pobladores de pequeños parajes o pueblos de mayoría indígena, de las etnias mapuche, kolla y wichí. Durante veinte días los jóvenes colaboran con las comunidades claretianas residentes en la Patagonia y en Humahuaca, así como con la iglesia local de Roque Sáenz Peña, en el Chaco, donde residen las Misioneras de San Antonio María Claret.

LOS POBRES EVANGELIZAN A LOS JÓVENES

Por lo general, las experiencias misioneras marcan un punto de inflexión en la vida de los jóvenes. Desde su preparación remota, procurando lo necesario para su realización por medio de beneficios como venta de empanadas, peñas folclóricas, o donaciones de los “Amigos de El Tambo”, la participación en los encuentros de formación o retiros, así como la preparación inmediata de las actividades, y el hecho de compartir varios días en un ambiente geográfico y cultural distinto, desprovistos de comodidades, cerca de otros hermanos, más pobres y necesitados, junto con sus compañeros de comunidad u otros universitarios impacta profundamente en ellos. Los pone en una situación de especial contemplación de sí mismos y de apertura al mensaje de Jesucristo que llega cargado de novedad en el encuentro con los pobres y sus historias de vida. Las experiencias misioneras son casi siempre el punto de partida para emprender nuevos itinerarios de búsqueda personal y compromiso con los demás. Muchos se replantean el modo de llevar adelante la profesión que han elegido, otros se preguntan cómo servir más y mejor con la propia vida y abren la posibilidad del discernimiento vocacional.

UNA MÍSTICA QUE NACE DEL CORAZÓN, LA VIDA Y LA PALABRA

La cordialidad a la que estamos llamados nos hace amigos de los jóvenes; y en el diálogo con ellos descubrimos una sensibilidad admirable que los hace solidarios con las víctimas de las distintas formas de violencia que amenazan la vida, creativos en la búsqueda de un futuro mejor, de un compromiso social y político donde todos y todas, especialmente los pobres y excluidos, tengan cabida; personas comunicativas y espontáneas, vulnerables en extremo, y por tanto necesitados de cuidado.

Estamos convencidos que la Palabra que Dios siembra en los corazones de los jóvenes crece “sin que nos demos cuenta” y el encuentro con Cristo hace que salga a la luz lo mejor de sí mismos para la construcción de una Iglesia nueva, más fraterna, más respetuosa de lo diverso, más audaz y más misionera.

Pablo Díaz   y  Carlos Verga CMF

Fuente: Claret.org

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