Con misa de acción de gracias culminó la beatificación de 109 mártires claretianos

missa-a-g-claretians-2802Una misa de acción de gracias celebrada por el cardenal arzobispo de Barcelona, Mons. Juan José Omella, puso término al programa de celebraciones por la beatificación de 109 mártires claretianos asesinados durante el enfrentamiento revolucionario español de 1936-’39.

La solemne eucaristía tuvo lugar el domingo 22 de octubre a las 11 horas, en el santuario barcelonés del Corazón de María, donde, igual que el viernes anterior en  la vigilia de oración preparatoria a la beatificación, centenares de miembros de la familia claretiana venidos de distintos rincones del mundo acudieron esta vez para dar gracias al Señor, al Corazón materno, al Padre congregacional y a los mártires, que con su sangre marcaran al claretianado y al mundo entero un ejemplo tan categórico de lealtad a los propios principios hasta entregar la vida por ellos. Agradecimiento que se extendió a todos quienes prepararon y llevaron a cabo una tarea de la magnitud que significó la proclamación eclesial de los 109 beatos mártires.

Concelebraron la eucaristía junto al cardenal el superior general de la Congregación, P. Mathew Vattamattam, uno de sus antecesores, el P. Aquilino Bocos, el vicario general, P. Gonzalo Fernández, y el superior provincial de Cataluña, P. Ricard Costa-Jussà, quien tuvo a su cargo parte primordial de las responsabilidades superiores por la beatificación. A ellos se unieron alrededor del altar unos 70 entre obispos y presbíteros claretianos.

Significación trascendente

La homilía del cardenal Omella reveló una cercanía cordial de larga data con los claretianos, que comenzó –dijo- por una profunda admiración al Padre Claret y se afianzó con años de permanencia en la emblemática Barbastro. Allí la admiración se extendió con asombro hacia el insólito testimonio martirial del seminario mártir completo. “Todos los seminaristas deberían pasar por Barbastro –enfatizó- para aprender vitalmente lo que significa la fidelidad al compromiso”.

Sobre los 109 que ahora se suman a la historia martirial claretiana, el cardenal hizo hincapié en el significado de su proclamación por la Iglesia. Este no es un ajuste de cuentas con el pasado –recalcó-; no se trata de una revancha, sino del triunfo del amor por sobre el odio para iluminar el futuro. Porque –confidenció recordando alegremente al cardenal claretiano Mons. Fernando Sebastián- siempre estamos celebrando aniversarios y fechas del pasado, en vez de celebrar el futuro. Y los mártires claretianos esperaban con ilusión el futuro. Varios ansiaban ser sacerdotes para evangelizar en países remotos; y algunos ya habían avanzado para ello en el estudio y práctica del idioma chino. “Ustedes, los claretianos, son misioneros profesionales; vayan a llevar la alegría del Evangelio como sus mártires”.

Agradecimientos múltiples

El cardenal agradeció el apoyo permanente de los claretianos a su tarea pastoral en la arquidiócesis, y que lo hayan invitado a ser anfitrión y factor en esta beatificación. Por su parte el P. Vattamatam le agradeció el papel preponderante que el prelado asumió en ella. Y extendió su reconocimiento a todos quienes participaron en hacer realidad un hecho de tanta trascendencia para la familia claretiana. Agradecimientos a los que se sumó el P. Fernández, y que el P. Costa Jussà refrendó en nombre de la provincia claretiana de Cataluña, que fue la sede en el magno acontecimiento y abrió en estos días  sus brazos a los claretianos, su “familia” y los amigos que del mundo se congregaron con el fin de rubricar con su presencia un acontecimiento histórico para los hijos y participantes del carisma de Claret.

Numeroso de ellos iniciaron tras la misa de acción de gracias el retorno a sus lugares de origen.

Desde Barcelona, Alfredo Barahona Zuleta

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